La Mañana por Paulina

    Lo que quizás no sabías de la radio

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    Radio por teléfono

    El Drahtfunk (radio por cable) fue un ancestro primitivo de la banda ancha: una manera de escuchar radio conectándose a la línea telefónica.

    Fue desarrollado en Noruega y Suiza, donde las montañas dificultaban la transmisión de radio, de manera que originalmente se enviaba por los cables de electricidad.

    Pero en los años 30, con la llegada del teléfono, se empezaron a usar esos cables.

    A diferencia del radio, drahtfunk no podía ser bloqueado, así que los alemanes lo usaron en la Segunda Guerra Mundial. Era particularmente útil durante los bombardeos aéreos, cuando los transmisores de radio convencionales tenían que apagarse para evitar que fueran usados por el enemigo para encontrar su ubicación.

    También era una manera más segura de alertar a la gente de los bombardeos que las sirenas y fue lo que más hizo que la gente se fuera a los refugios. Se comunicaba en detalle la cercanía y progreso de los aviones enemigos. Los berlineses se reunían con mapas del área local e iban siguiendo el curso de los bombarderos a medida que el presentador leía las coordenadas.

    Drahtfunk siguió usándose hasta los años 50 en el sector estadounidense de Berlín, aunque para ese entonces las transmisiones eran más alegres.

    Gustav Eiffel originalmente propuso que la Torre Eiffel fuera usada como un mástil de radio inalámbrico

    GETTY

    Radio Facebook

    Like

    Una especie de precursor de los “me gusta” de Facebook fue Radiovota.

    Era una caja que se le adjuntaba al radio y funcionaba como un aparato para hacer encuestas instantáneas.

    Tenía tres botones: Presente, No y Sí.

    Con ellos, la gente podía comentar sobre lo que estaba escuchando.

    La intención inicial fue probar la popularidad de las canciones, pero inmediatamente resultó obvio que tenía un potencial más amplio.

    Un comentarista predijo que “el presidente de Estados Unidos puede pararse frente a un micrófono, hacer una pregunta sobre política pública y recibir la respuesta inmediata de millones”.

    No funcionó, pues cuando el radioescucha apretaba el botón, la señal se demoraba siete horas en llegar a la estación de monitoreo.

    La televisión contrae la imaginación, la radio la expande”

    Terry Wogan
    THINKSTOCK

    Radio a gas

    En los años 30, las compañías de gas británicas lucharon para evitar que los consumidores los dejaran por la electricidad. Identificaron el radio (que en esos días tenía que estar conectado a la red eléctrica) como la “aplicación mortal” de sus rivales. Si la gente quería escuchar a la BBC, eso quizás los llevaría a cambiarse a la electricidad. Para prevenirlo, desarrollaron un equipo de radio que funcionaba a gas.

    Un modelo de radio a gas del Museo de Gas en Leicester, Inglaterra.
    Un modelo de radio a gas del Museo de Gas en Leicester, Inglaterra

    Medía casi un metro de alto, con el radio mismo arriba y un quemador de gas debajo metido en un gabinete forrado con asbestos.

    Como bono, ayudaba a calentar un poco la habitación.

    Después produjeron máquinas de lavar, gramófonos y aspiradoras a gas, pero desafortunadamente nada se vendió bien.

    Esos aparatos se valían del efecto termoeléctrico: la corriente se obtiene explotando la diferencia en temperatura entre el artilugio y su entorno.

    En Rusia eso se usó para desarrollar un radio que funcionaba con keroseno, que se usaba en áreas rurales en las que no había electricidad: para lograr que la temperatura ambiente estuviera lo suficientemente fría, uno tenía que escuchar radio con todas las ventanas abiertas.

    Para jugar dardos con el campeón

    Dardos

    Algo que podrías haber escuchado en la radio en Reino Unido en los años 30 era dardos.

    En 1938, el campeón F.H. Wallis retó a toda la audiencia radial a un juego de 301.

    Desde el pub Alexander Arms en Eastbourne, tiraba sus tres dardos y se anunciaba cuántos puntos había logrado. Luego había una pausa para que los radioescuchas tiraran sus tres dardos, donde fuera que estuvieran.

    No se ofreció ningún premio: los radioescuchas que le ganaran a Wallis podían “darse una palmada en la espalda y contárselo a sus colegas de trabajo al día siguiente”.

    La radio es un medio de entretenimiento que le permite a millones de personas escuchar el mismo chiste al mismo tiempo y sin embargo seguir solas”

    T.S. Elliot 1888-1965
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