El martes la derechista Keiko Fujimori tomó posesión de la presidencia de Perú en una ceremonia celebrada en el Congreso, con el reto de enfrentar el crimen organizado que azota al país y que ella ha prometido acabar con un gobierno de mano dura.
Con su asenso al poder se concreta el retorno del fujimorismo al Gobierno peruano, casi 26 años después de que su padre dimitiera por fax desde Japón tras destaparse un gigantesco escándalo de corrupción en su Administración.
Antes de iniciar el discurso de Keiko, un grupo de parlamentarios de izquierda abandonó el hemiciclo al grito de “¡Justicia para las víctimas!” mientras mostraban fotos de víctimas de la violencia estatal durante el mandato del fallecido dictador Alberto Fujimori, que lo llevó a ser condenado a 25 años de cárcel por delitos de lesa humanidad.
En la jornada, la nueva presidenta de Perú anunció que los militares recuperarán el control del orden interno en zonas asediadas por las bandas criminales, el narcotráfico y la minería ilegal, una de sus principales promesas de mano dura.
Además, en materia económica, sorprendió al anunciar un aumento del 15 % en el salario mínimo, que pasará a 1.300 soles.




