Estudio de riesgos utilizado para la actualización del Plan Regulador de Iquique advirtió amenazas por lluvias y flujos de barro

Mientras el Estudio de Factibilidad Sanitaria concluyó que la ciudad no requería un sistema de drenaje para mitigar los problemas causados por las lluvias, otro de los documentos que sustentaron la actualización del Plan Regulador analizó expresamente inundaciones, anegamientos y flujos de barro en distintos sectores de la comuna.

Nuevos antecedentes revisados por Radio Paulina permiten profundizar en los estudios que sustentaron la actualización del Plan Regulador Comunal de Iquique, vigente desde febrero de 2025.

Se trata del Estudio Fundado de Riesgos, documento elaborado como parte del mismo proceso de actualización del instrumento de planificación territorial y cuya última edición corresponde a julio de 2024. Su objetivo fue identificar y zonificar áreas susceptibles de ser afectadas por peligros naturales y entregar criterios para la definición de áreas de riesgo del nuevo Plan Regulador.

El antecedente resulta relevante luego de que Radio Paulina informara que el Estudio de Factibilidad Sanitaria concluyó que Iquique no necesitaba un sistema de drenaje para mitigar los problemas provocados por las lluvias.

El Estudio de Riesgo aborda específicamente las “inundaciones terrestres” y explica que los anegamientos pueden producirse en zonas deprimidas, de baja permeabilidad, con niveles freáticos someros o con “deficiente drenaje del terreno”, especialmente frente a lluvias intensas o prolongadas.

El documento señala que durante su elaboración no se encontraron antecedentes de inundaciones por anegamiento en el área estudiada. Sin embargo, inmediatamente advierte que existían elementos que podían representar una amenaza, principalmente vinculados a filtraciones y afloramientos de aguas provenientes del subsuelo.

Incluso identifica sectores de Iquique donde históricamente existieron los denominados “ojos de mar”, entre ellos Cavancha, el entorno de la ex Aduana y la Municipalidad, El Colorado, La Puntilla, Jorge Inostroza y sectores de Zofri. El estudio también menciona un sector entre el peaje y el aeropuerto de Chucumata donde un problema de afloramiento de agua fue mitigado mediante la instalación de drenes.

No obstante, el informe concluyó que los antecedentes disponibles no permitían zonificar el peligro de inundación por anegamiento, debido al carácter puntual de los registros y a que varios de los lugares identificados ya estaban cubiertos por infraestructura urbana.

El análisis se basó en registros históricos de bajas precipitaciones

Otro elemento que permite entender las conclusiones adoptadas durante la elaboración del Plan Regulador está en la información meteorológica utilizada.

El estudio analizó registros de la estación Iquique y estableció una precipitación total anual promedio de 1,4 milímetros. También indicó que, en la mitad de los años con registros considerados, la máxima precipitación en 24 horas fue de cero milímetros y que solamente en cinco de 34 años se superó un milímetro.

Sin embargo, el mismo Estudio de Riesgo dedica un capítulo completo a las remociones en masa y flujos de barro o detritos.

Entre los antecedentes históricos recopilados destaca el evento de julio de 1940, cuando precipitaciones de gran intensidad durante 18 horas provocaron una serie de aluviones de barro, arena y piedras en quebradas de Iquique y Alto Hospicio.

Según el documento, hubo flujos en las quebradas Esmeralda y Zofri, mientras que las quebradas Seca, Santa Rosa, La Pampa y Los Molles también se activaron, generando flujos de detritos que inundaron sectores urbanos existentes en aquella época.

El análisis es todavía más explícito al referirse a los cauces naturales.

El estudio advierte sobre la existencia de actividades permanentes y movimientos de tierra a lo largo de la red de drenaje natural, pese a que estos cauces presentan escurrimientos muy esporádicos, señalando que dicha situación “no resulta recomendable”.

Asimismo, reconoce la presencia de abanicos aluviales al pie del Acantilado Costero y advierte que sus características dificultan determinar con precisión por dónde podría escurrir el agua ante uno de estos eventos.

De hecho, el documento incorporó antecedentes de un estudio licitado por la Dirección de Obras Hidráulicas del MOP en 2021, que modeló eventuales flujos aluvionales en Playa Blanca y Los Verdes considerando nueve cuencas y escenarios con períodos de retorno de hasta 100 años. Esos resultados fueron utilizados para delimitar las zonas susceptibles a flujos de barro y detritos.

Dos estudios, un mismo Plan Regulador

Los antecedentes permiten hacer una distinción importante: el Estudio de Riesgo no concluye que Iquique necesitara construir un sistema general de colectores de aguas lluvias, por lo que no corresponde atribuirle esa afirmación.

Lo que sí demuestra el documento es que, dentro de la misma actualización del Plan Regulador, existían antecedentes técnicos sobre anegamientos, drenaje natural, quebradas, flujos de barro y sectores susceptibles de ser afectados por eventos asociados a precipitaciones.

De hecho, el objetivo del Estudio Fundado de Riesgos era precisamente entregar criterios para reconocer y delimitar las áreas de riesgo que debían incorporarse al Plan Regulador, incluyendo zonas inundables y aquellas propensas a “avalanchas, rodados, aluviones o erosiones acentuadas”.

Así, mientras uno de los estudios que sustentó la actualización determinó que no era necesario implementar un sistema de drenaje para mitigar los problemas causados por las lluvias, otro de los componentes técnicos del mismo proceso reconoció que Iquique presenta sectores expuestos a amenazas asociadas a flujos de barro, quebradas, anegamientos y drenaje natural, antecedentes que adquieren especial relevancia a la luz de las recientes precipitaciones y sus efectos en la ciudad.

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