En el continente más austral del planeta, casi íntegramente cubierto de hielo y sometido a temperaturas extremas que pueden alcanzar los –80 °C en invierno y apenas superar los –20 °C en verano, la ciencia chilena vuelve a abrirse paso. Desde diciembre de 2025, un equipo de investigadoras nacionales desarrolla un estudio innovador que busca evaluar los efectos de los microplásticos en peces antárticos, una amenaza silenciosa que ya comienza a inquietar a la comunidad científica internacional.
En la investigación participa la Dra. Gabriela Aguirre, académica de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad Arturo Prat , en conjunto con la Dra. Lisette Zenteno, investigadora de la Comisión Chilena de Energía Nuclear, ejecutándose con la colaboración del Instituto Antártico Chileno . Esta alianza interinstitucional refuerza el compromiso del país con la generación de conocimiento sobre los impactos ambientales en la Antártica, uno de los ecosistemas más frágiles y estratégicos del planeta.
Como parte del estudio, ambas especialistas se trasladaron a la ciudad de Punta Arenas para desarrollar un experimento controlado en los acuarios del INACH, trabajando en conjunto con investigadores de dicha institución. Allí se analizaron, en condiciones cuidadosamente monitoreadas, los posibles efectos de la exposición a microplásticos en especies de peces antárticos.

“La Antártica es un ecosistema único, con animales extraordinariamente adaptados a sobrevivir en condiciones extremas”, explica la Dra. Aguirre. “La vida se concentra principalmente en la zona costera y en el océano circundante, donde los peces nototenidos dominantes en la Antártica son un caso fascinante de evolución extrema, ya que han desarrollado adaptaciones notables como: glicoproteínas anticongelantes en sangre y tejidos; metabolismo lento y esqueletos parcialmente descalcificados, lo cual reduce su densidad corporal y les permite flotar sin necesidad de vejiga natatoria, que la mayoría no posee”.
La investigadora detalla que estos peces cumplen un rol clave en la cadena alimentaria antártica por lo que estudiar la presencia en ellos de microplásticos constituye un gran aporte a la ciencia . “Los peces son alimento fundamental para aves, focas y pingüinos, por lo que cualquier alteración en su salud puede tener efectos en cascada sobre todo el ecosistema”, advierte.
El estudio pone el foco en esta amenaza emergente que son los microplásticos, fragmentos de plástico menores a 5 milímetros que provienen de la degradación de bolsas, botellas, ropa sintética y otros productos de uso cotidiano. Estos contaminantes son transportados por ríos, viento y corrientes oceánicas, llegando incluso a regiones tan remotas como la Antártica.
“Estos materiales son ingeridos por peces, aves y mamíferos marinos, que los confunden con alimento”, señala la Dra. Aguirre. “Al hacerlo, acumulan sustancias tóxicas que pueden afectar su salud, la de toda la cadena alimentaria y, a largo plazo, incluso la composición química del agua y del hielo”.
Pese a la creciente preocupación internacional, los efectos biológicos de los microplásticos en organismos antárticos aún son poco conocidos. “Desconocemos en gran medida cómo estos contaminantes afectan a nivel celular y molecular. De ahí la relevancia de este estudio, que busca avanzar en esa comprensión”, enfatiza la académica de la UNAP.
Actualmente, el equipo científico se encuentra en la etapa de análisis, examinando cambios en los tejidos, la microbiota intestinal y la expresión génica de los peces expuestos, con el objetivo de obtener una visión integral del impacto de los microplásticos en el funcionamiento general de estas especies.
Los resultados de esta investigación permitirán comprender cómo la contaminación plástica puede alterar el equilibrio de las tramas tróficas del océano Austral, en un contexto marcado por el aumento de la actividad humana en la Antártica y la ausencia de medidas efectivas para enfrentar este tipo de contaminación a escala global.
Con este estudio, tanto la Universidad Arturo Prat como las instituciones asociadas a esta investigación reafirman el aporte de la ciencia chilena al conocimiento ambiental de relevancia internacional, poniendo en evidencia que incluso los territorios más remotos del planeta no están ajenos a los efectos de la acción humana.




