Día Mundial del Autismo: cómo reconocer tempranamente señales desde la infancia

Observar cómo los niños se comunican, juegan y se relacionan desde los primeros meses permite detectar diferencias que requieren apoyo oportuno, respetar su individualidad y potenciar sus habilidades.

Cada 2 de abril se conmemora el Día Mundial del Autismo, instaurado por la ONU para visibilizar, comprender e incluir a las personas con esta condición, promover el respeto por sus derechos y su participación plena en la sociedad. En Chile, se estima que 1 de cada 51 niños pertenece al espectro autista y más de 55 mil estudiantes forman parte del sistema escolar.

Según explicó Camila Navarrete, psicóloga infanto-juvenil y especialista en neurodivergencias de la Universidad UNIACC “uno de los estigmas más persistentes es creer que todos los niños autistas son iguales. El espectro es profundamente heterogéneo: cambia en la forma de comunicarse, jugar, aprender, regularse y vincularse”.

A su juicio, otro error común es interpretar el autismo únicamente desde el déficit, sin reconocer capacidades, intereses y fortalezas. Según la especialista, “también sigue presente la idea errónea de que ciertas conductas son ‘mala crianza’ o ‘desafío a la autoridad’, cuando muchas veces son expresiones de sobrecarga sensorial, dificultades de comunicación o desregulación”.

En este sentido, recalcó que detectar manifestaciones tempranas puede marcar una diferencia significativa en la vida de los niños. “Más que buscar una señal única, lo importante es observar el desarrollo social-comunicativo en conjunto. Algunas alertas son que el niño no responda a su nombre, use pocos gestos para comunicarse, no comparta intereses con otros, presente dificultades para la atención conjunta o tenga patrones repetitivos de movimiento, uso de objetos o intereses”

También pueden aparecer respuestas sensoriales inusuales, como sensibilidad a sonidos, texturas o cambios en el entorno. “Estas señales no significan por sí solas un diagnóstico, pero sí justifican una evaluación oportuna”, agregó.

Navarrete aseguró que estos signos pueden observarse desde el primer o segundo año de vida, e incluso algunos niños muestran diferencias antes de los 12 meses. “Hoy se sabe que el autismo puede diagnosticarse de manera confiable alrededor de los 2 años, aunque en la práctica el acceso al diagnóstico suele ocurrir más tarde”, explicó.

Además, enfatizó que “las guías actuales recomiendan que todos los niños sean pesquisados específicamente para indagar si se encuentran dentro del espectro autista en los controles de salud de los 18 y 24 meses, y antes si existen preocupaciones del desarrollo”. 

La docente de la UNIACC también advirtió que muchas niñas autistas pueden pasar desapercibidas porque muestran mayor interacción social, lenguaje aparente o estrategias de camuflaje que ocultan sus dificultades, lo que puede derivar en diagnósticos tardíos o interpretaciones erróneas como timidez, inmadurez o ansiedad. Por ello, “la evaluación clínica actual debe incluir la perspectiva de género y no basarse únicamente en el perfil clásico observado en varones”, explicó.

Más allá del diagnóstico, indicó que “la intervención temprana no busca cambiar quién es el niño, sino reducir barreras y ampliar oportunidades de desarrollo. No se trata de normalizar al niño ni de borrar su forma de ser, sino de ofrecer apoyos para que pueda comunicarse mejor, desenvolverse con mayor seguridad y participar en sus distintos entornos”.

Para estimular habilidades sociales y de comunicación, la profesional recomendó seguir los intereses del niño, aprovechar el juego y las rutinas diarias, compartir la atención sobre un objeto o actividad, esperar turnos, modelar lenguaje simple y funcional, y usar apoyos visuales cuando sea necesario. “Las mejores estrategias no son rígidas, sino que se integran a la vida diaria y se adaptan al perfil sensorial, comunicativo y emocional de cada niño”, agregó la especialista. 

Respecto al ámbito escolar, señaló que “los colegios no están llamados a diagnosticar, pero sí cumplen un rol fundamental en la observación, registro, comunicación con la familia y derivación oportuna. Su tarea es detectar señales de alerta en el funcionamiento cotidiano del niño, generar apoyos, evitar lecturas moralizantes de la conducta y articularse con salud cuando corresponda”.

La Mañana por Paulina