El Hotel Gavina Costa Mar nunca fue un establecimiento cualquiera. Emplazado en primera línea frente a la Playa Cavancha de Iquique, en Avenida Arturo Prat N° 1.497, con 82 habitaciones —ejecutivas, superiores y suites— y salones de eventos capaces de albergar hasta mil personas, fue durante décadas el símbolo de la hotelería de lujo en la región de Tarapacá. Hoy, ese mismo edificio es el epicentro de una crisis que sus propios trabajadores describen como la peor en la historia del establecimiento.
Detrás del hotel operan al menos tres estructuras jurídicas relacionadas entre sí: Gavina Hotel Limitada, con RUT 96.664.060-K; Corvalán y Cornejo Limitada, con RUT 76.128.253-0, sociedad integrada por Hernán Cornejo Rocabado y su señora Marcela Corvalán; y Hernán Donato Cornejo S.P.A., con RUT 77.460.248-8, entidad que aparece como receptora de pagos bancarios de clientes y socios comerciales del establecimiento. Esta arquitectura societaria es relevante cuando se analiza la situación patrimonial del grupo, pues según fuentes al interior de la empresa, durante 2024 el empresario habría traspasado la mayor parte de sus bienes personales a nombre de terceras personas.
Fuentes al interior de la empresa confirman que el deterioro no ocurrió de un día para otro. Fue paulatino, casi silencioso, y comenzó desde el momento en que Cornejo Rocabado tomó el control del establecimiento que antes había sido operado exitosamente por otros administradores. Desde entonces, el personal fue testigo de cómo la calidad del servicio decaía, los insumos escaseaban y los pagos comenzaban a llegar tarde. Lo que en un principio fueron demoras menores, en 2026 se ha convertido en una crisis sistémica que amenaza con colapsar toda la estructura.
La reunión que lo dijo todo
A comienzos de abril, Hernán Cornejo Rocabado convocó a las jefaturas de todas las áreas del hotel para una reunión inusual. Según fuentes al interior de la empresa, el propio dueño y gerente general reconoció ante su personal que había cometido malos negocios. Confesó que el dividendo bancario que paga mensualmente por la adquisición del hotel —comprado a través de financiamiento bancario— supera con creces la capacidad financiera actual del establecimiento, y que la expansión del grupo Gavina resultó ser una apuesta demasiado ambiciosa.
El grupo llegó a operar varios establecimientos en paralelo: un hotel en Pozo Almonte, un Gavina Express en la ciudad de Arica, el Gavina Express de la calle Manuel Rodríguez de Iquique —operado bajo arriendo en sociedad con Juan Martínez—, y La Casona en Baquedano. Todos han ido cerrando o siendo devueltos. El hotel de Pozo Almonte cerró por el alto costo del arriendo. La Casona de Baquedano fue entregada en enero de 2026. Un negocio de minimarkets asociado al grupo también cerró. Lo que queda como único activo propio es el Gavina Costa Mar, inscrito a nombre de Corvalán y Cornejo Limitada.
En esa misma reunión, Cornejo Rocabado habría asegurado a sus empleados que el hotel no quebraría, argumentando que contaba con bienes de respaldo suficientes para hacer frente a sus obligaciones. Sin embargo, fuentes al interior de la empresa contradicen esa versión: señalan que durante 2024 el empresario habría traspasado sus bienes a nombre de terceras personas, dejando como único activo visible el propio inmueble del Gavina Costa Mar. Si eso es efectivo, la garantía ofrecida a los trabajadores sería, en la práctica, el mismo hotel cuyo dividendo origina el problema.
Febrero pagado en marzo, marzo aún sin pagar
El retraso en el pago de remuneraciones se ha convertido en la normalidad para los trabajadores del Gavina Costa Mar. Según fuentes al interior de la empresa, el sueldo correspondiente a febrero de 2026 comenzó a distribuirse recién el 9 de marzo, sin que todos los trabajadores lo recibieran en esa fecha. Algunos funcionarios debieron esperar hasta el 20 del mismo mes. Al 7 de abril, las remuneraciones de marzo aún no habían sido canceladas en su totalidad.
Las mismas fuentes explican que la empresa establece una jerarquía informal de pago: el personal de planta —mucamas, garzones, trabajadores de operaciones— recibe sus haberes antes que los administrativos. Los trabajadores del casino anexo vivieron una situación aún más extrema: el mes pasado no se presentaron a trabajar hasta que la empresa les pagó ese mismo día, antes de iniciar su turno.
Para muchos de estos trabajadores, la incertidumbre mensual tiene consecuencias concretas: arriendos impagos, tarjetas de crédito vencidas y cortes de servicios básicos. Fuentes al interior de la empresa señalan que el malestar es especialmente profundo entre quienes llevan ocho, diez y quince años de servicio en el hotel, y que pese a todo siguen presentándose a trabajar cada día por el vínculo emocional que tienen con el establecimiento.
AFP sin enterar y deudas que recaen sobre los propios empleados
La situación se agrava cuando se consideran las cotizaciones previsionales. Fuentes al interior de la empresa indican que el hotel acumula al menos dos meses consecutivos sin enterar los descuentos de AFP a los organismos correspondientes. En paralelo, la empresa continúa realizando descuentos por créditos sociales a sus trabajadores, pero esos montos no estarían siendo traspasados a la Caja Los Andes. El resultado es que los propios empleados enfrentan procesos de cobranza directa y aparecen como deudores ante instituciones con las que ellos jamás incumplieron.
Este cuadro configura potenciales infracciones al Código del Trabajo y a la normativa previsional chilena, que obliga a los empleadores a enterar las cotizaciones dentro de los diez primeros días hábiles del mes siguiente al devengo, bajo pena de multas y reajustes. La Dirección del Trabajo y la Superintendencia de Pensiones tienen competencia para fiscalizar estas conductas, tanto de oficio como a partir de denuncias de los afectados.
Proveedores a la puerta: “llegan todos los días a cobrar”
La crisis no se circunscribe al personal interno. Fuentes al interior de la empresa relatan que a diario llegan proveedores al hotel a exigir el pago de deudas que en algunos casos llevan meses acumuladas. Entre los acreedores figuran empresas de sonido, distribuidoras de verduras y alimentos, y otros servicios cuyas deudas acumuladas alcanzarían cifras millonarias. Paradójicamente, muchos de ellos continúan abasteciendo al hotel precisamente porque el Gavina Costa Mar tiene un historial de décadas sin haber incurrido en impagos similares, confiando en que la situación se revertirá.
La escasez de insumos ha llegado a niveles críticos. Según fuentes al interior de la empresa, hay días en que no hay mantequilla, carne ni vino para atender los eventos. El personal de limpieza ha debido improvisar ante la falta de productos básicos, y en algunos casos los propios trabajadores han financiado de su bolsillo materiales indispensables para mantener la operación.
En al menos un caso documentado por fuentes al interior de la empresa, una proveedora amenazó con presentarse con pancartas en la entrada del hotel durante un evento de mil personas organizado por Carabineros de Chile, si no recibía el pago de una deuda de un millón y medio de pesos acumulada durante varios meses. El gerente de finanzas tuvo que intervenir directamente para evitar el escándalo público. Otro caso fue el de un músico que prestó servicios en una actividad de San Valentín por 500 mil pesos: ante la negativa de pago realizó una publicación pública criticando al establecimiento, y el hotel respondió pidiéndole que bajara la denuncia a cambio de saldar de inmediato la deuda. Según las fuentes consultadas, esa parece ser la lógica operativa: pagar sólo cuando la presión pública se vuelve insostenible.

Los Oller se desmarcan: “el hotel dejó de pertenecer a nuestra familia”
La crisis en el Gavina Costa Mar también resonó entre quienes construyeron el establecimiento desde sus cimientos. El 7 de abril de 2026, en el hilo de comentarios de una publicación que circuló en la página de Facebook “Emergencias Iquique“, Constanza Oller Guicharrousse tomó la palabra para desvincular públicamente a su familia de la situación actual. En nombre de su abuelo, don Juan Oller —el empresario que fundó el hotel en 1993 en los terrenos conocidos como los Baños de Gaviota y que lo bautizó Gavina, que significa gaviota en catalán—, y de su abuela, doña Nancy Alegría, la nieta señaló que el hotel dejó de pertenecer a la familia hace más de dos años y que, en consecuencia, no tienen injerencia alguna en su administración ni en las situaciones que puedan estar ocurriendo.
En el mismo hilo, otros usuarios de la red social confirmaban detalles que coinciden con el relato de las fuentes internas: la compra de otro hotel en la calle Juan Martínez y una gestión que, a juicio de quienes conocieron el establecimiento en sus mejores tiempos, contrasta radicalmente con la época en que el Gavina era sinónimo de prestigio y pago puntual.
En su mensaje, Constanza Oller expresó respeto por las inquietudes planteadas por los trabajadores y subrayó la importancia de que estas sean debidamente abordadas por quienes hoy se encuentran a cargo. También destacó que sus abuelos dedicaron gran parte de su vida al rubro hotelero con compromiso y vocación. La declaración tuvo un claro propósito de resguardo reputacional para la familia fundadora, pero también constituye un reconocimiento implícito de que la crisis ha alcanzado una visibilidad pública que ya no puede ignorarse. Lo que ocurre dentro del Gavina Costa Mar hoy es, exclusivamente, responsabilidad de Hernán Cornejo Rocabado y de las sociedades que controla.

El empresario, la logia y el Club Libertad
Hernán Cornejo Rocabado no es un personaje menor en la vida social e institucional de Iquique. Con más de cuatro décadas de trayectoria en la hotelería nacional e internacional —que incluye formación en el Instituto Español de Turismo y en la Casa de Campo de Madrid—, fue coautor junto al periodista Héctor Rojas Cabrera del libro “Logias Iquiqueñas: Presencia de la Francmasonería en la Historia de Iquique”, presentado en los propios salones del Gavina Costa Mar en enero de 2024 ante más de 200 personas y con la presencia del Gran Maestro de la Gran Logia de Chile.
Su vínculo con la francmasonería es de larga data. Cornejo Rocabado fue Venerable Maestro de la Respetable Logia N° 23 Francisco Bilbao de Iquique, la primera logia chilena constituida en la ciudad y en la provincia de Tarapacá, con más de 125 años de historia. En esa condición presidió ceremonias de reconocimiento a miembros con décadas de trayectoria masónica, y su nombre figura en los registros públicos de la Gran Logia de Chile. Fuentes al interior de la empresa señalan que en la última votación interna de la logia no habría resultado reelecto.
Fuentes al interior de la empresa agregan otro flanco de controversia: en 2024, Cornejo Rocabado habría intentado concretar la venta del Club Libertad de Iquique, institución histórica de la ciudad. La operación no prosperó por la oposición de sus propios miembros, quienes argumentaron que dicha venta era ilegal conforme a los estatutos de la organización. Hoy, ese mismo club estaría siendo administrado por una persona vinculada a la gestión de Cornejo Rocabado en el hotel. Según las mismas fuentes, Mauricio Bloch figura como presidente de la institución sin que, hasta la fecha, haya existido una elección formal de directiva ni se hayan celebrado reuniones regulares del club conforme a sus normas internas.
El relevo generacional que no convence
En la misma reunión en que reconoció la crisis financiera, Cornejo Rocabado anunció que está incorporando a sus hijos al directorio del hotel. Uno de ellos es médico, otro es fonoaudiólogo, y el tercero fue ingresado directamente al área operativa como garzón para ir rotando por todos los departamentos del establecimiento. El empresario lo habría justificado señalando que, dada su edad, quería dejar a sus hijos preparados para asumir la conducción del hotel en el futuro.
Para el personal con ocho, diez y quince años de servicio en el Gavina, el anuncio fue recibido con escepticismo. No es la sucesión lo que preocupa, sino la ausencia de respuestas concretas sobre cuándo y cómo se normalizará el pago de sus remuneraciones. Algunos de esos trabajadores llevan desde enero, febrero y marzo sin haber recibido el total de sus haberes, y siguen asistiendo al hotel cada día.
Un hotel que no quiebra… pero que tampoco paga
La paradoja del Gavina Costa Mar es que el hotel no está vacío. Tiene eventos, tiene huéspedes, tiene ingresos. La reciente celebración de Carabineros de Chile en sus salones —con capacidad para un millar de personas— es la prueba de que la operación continúa. Pero los ingresos no alcanzan para cubrir simultáneamente el dividendo bancario, las deudas con proveedores, las remuneraciones atrasadas y las cotizaciones previsionales impagas. El hoyo financiero parece demasiado profundo.
Hernán Cornejo Rocabado descartó ante su personal la posibilidad de solicitar una quiebra voluntaria. Y los trabajadores, por su parte, no han formalizado denuncias masivas ante la Dirección del Trabajo: la única presión visible hasta ahora ha sido a través de redes sociales, con publicaciones de afectados que el hotel se apresura a silenciar cuando la deuda queda expuesta públicamente. Fuentes al interior de la empresa señalan que la administración no ha ofrecido planes de pago estructurados ni a empleados ni a proveedores, y que la falta de comunicación genera más incertidumbre que la propia crisis.
El Gavina fue en sus inicios el sueño de un hombre que vio Iquique antes que nadie. Juan Oller levantó en 1993 un edificio de diez pisos frente al Pacífico, en los terrenos que alguna vez fueron los Baños de Gaviota, y lo llamó como se dice gaviota en catalán. Tres décadas después, su nieta tuvo que salir a aclarar en redes sociales que su familia ya no tiene nada que ver con lo que ocurre allí adentro. Y lo que ocurre allí adentro es esto: trabajadores que esperan un depósito que no llega, proveedores que golpean la puerta todos los días, y una pregunta que nadie en el hotel se atreve a responder en voz alta: ¿hasta cuándo?



